Nos quedamos con lo que puede considerarse el borrador de
una historia que jamás nadie escribirá. Algo que pudo haber sido mejor o peor,
vete tú a saber, pero que limitamos a no ser, sin más. Nos quedamos con un
puñado de besos a escondidas, con promesas incumplidas, con las ganas de amar.
Y si, así nos quedamos, con la espinita
clavada de las cosas que no nos dijimos, o las que dijimos de más. Llegados a
esta altura, solo nos queda algo indefinible que surge cuando nuestras miradas
se cruzan, por el recuerdo de esas cosas que solo nosotros sabemos y que el
resto del mundo ni siquiera se imagina. Y es que siempre hay cosas que salen
bien, y otras que salen mal, pero cuando, directamente, ni siquiera salen, ¿Dónde
van a parar todas esas ganas, el deseo y la pasión?